martes, 27 de enero de 2009

prohibido olvidar-persecuciones catolicas siglo 19 en Europa

Y a estos salvajes le dicen hermanos! Y los llevan a predicar!Y si te crees que eso es historia pasada ellos todavia hacen lo suyo en Chiapas.Todavia no he escuchado ni aun buscon ,ignorante de la g12 hablar de las persecuciones en Chiapas.De como marginan a los protestante.esto puede pasar si la iglesia se une a estos salvajes!Prohibido olvidar! sacado de el libro de los martires de Fox.

El libro de los martires Cap. XXI
Capítulo XXILas persecuciones contra los protestantes franceses en el sur de Francia, durante los años 1814 y 1820
La persecución en esta parte protestante de Francia prosiguió con pocas interrupciones desde la revocación del edicto de Nantes, por Luis XIV, hasta un periodo muy breve antes del comienzo de la Revolución Francesa. En el ano 1785, M. Rebaut St. Etienne y el célebre M. de la Fayette fueron de las primeras personas en interesarse ante la corte de Luis XVI para eliminar el azote de la persecución contra esta sufriente gente, los habitantes del sur de Francia.

Tal era la oposición de parte de los católicos y de los cortesanos, que no fue hasta el final del año 1790 que los protestantes se vieron libres de sus alarmas. Antes de esto, los católicos, en particular en Nimes, habían recurrido a las armas. Nimes había presentado un terrible espectáculo: Hombres armados corriendo por todas partes de la ciudad, disparando desde las esquinas, y atacando a todos los que encontraban, con espadas y horcas.

Un hombre llamado Astuc fue herido y echado al acueducto. Baudon cayó bajo los repetidos golpes de bayonetas y sables, y su cuerpo fue echado también al agua; Boucher, un joven de sólo diecisiete años de edad, fue muerto de un disparo mientras miraba desde su ventana; tres electores fueron heridos, uno de ellos de consideración; otro elector fue herido, y otro escapó a la muerte declarando varias veces que era católico; un tercero recibió tres heridas de sable, y fue llevado a su casa terriblemente mutilado. Los ciudadanos que huían eran detenidos por los católicos en los caminos, y obligados a dar prueba de su religión antes de concedérseles la vida. M. y Madame Vogue estaban en su casa de campo que los fanáticos forzaron, y mataron a ambos, destruyendo su vivienda. Blacher, un protestante de setenta años, fue despedazado con una hoz; al joven Pyerre, que llevaba unos alimentos a su hermano, le preguntaron: «¿Católico o Protestante?» Al responder «Protestante», uno de aquellos monstruos disparó contra el chico, que cayó. Uno de los compañeros del asesino le dijo. «Igual podrías haber matado un cordero.» «He jurado,» repuso el otro, «matar a cuatro protestantes como mi parte, y éste contará como uno de ellos.» Sin embargo, como estas atrocidades llevaron a las tropas a unirse en defensa dcl pueblo, cayó una terrible venganza sobre el partido católico que había tomado armas, lo cual, junto con otras circunstancias, como la tolerancia ejercida por Napoleón Bonaparte, los refrenó totalmente hasta el año 1814, cuando cl inesperado regreso del antiguo régimen volvió a unirlos bajo las antiguas banderas.

La llegada del Rey Luis XVIII a París

Esta llegada se supo en Nimes el trece de abril de 1814. Al cabo de un cuarto de hora se veía por todas partes la escarapela blanca, ondeaba la bandera blanca en los edilicios públicos, en los espléndidos monumentos de la antigüedad, e incluso en la torre de Mange, fuera de las murallas de la ciudad. Los protestantes, cuyo comercio había sufrido durante la guerra, estuvieron entre los primeros en unirse al regocijo general, y en enviar su adhesión al senado, y al cuerpo legislativo, y varios de los departamentos protestantes enviaron mensajes al trono, pero desafortunadamente M. Froment estaba de nuevo en Nimes en aquel tiempo, con muchos fanáticos dispuestos a seguirle, y la ceguera y la furia del siglo dieciséis rápidamente tomaron el lugar de la filantropía del siglo diecinueve. En el acto se trazó una línea de distinción entre personas de diferentes persuasiones religiosas; el espíritu de la antigua Iglesia Católica era de nuevo regular la parte que cada uno hubiera de tener de estima y de seguridad.

La diferencia de religión iba ahora a gobernarlo todo; e incluso los criados católicos que habían servido a protestantes con celo y afecto comenzaron a descuidar sus deberes o a llevarlos a cabo con desgana y hostilidad. En los festejos y espectáculos dados a cuenta del erario público, se usó la ausencia de los protestantes para acusarlos de deslealtad; y en medio de clamores de Vive le Roi se oyeron los clamores disonantes de A bas le Maire, abajo el alcalde. M. Castletan era protestante; apareció en público con el prefecto M. Ruland, que era católico, y le echaron patatas, y la gente dijo que debía dimitir de su cargo, Los fanáticos de Nimes lograron incluso que se presentara un mensaje al rey, en el que decían que en Francia sólo debía haber un Dios, un rey y una fe. En esto fueron imitados por los católicos de varias ciudades.

La historia del niño de plata.

Para este tiempo, M. Baron, consejero de la Cuor Royale de Nimes, adoptó cl plan de dedicar a Dios un niño de plata, si la Duquesa de Angulema daba un príncipe a Francia. Este proyecto fue adoptado como un voto religioso público, que era tema de conversación en público y en privado, mientras que varias personas, con la imaginación encendida por este proyecto, corrían por las calles gritando Vivent les Bourbons, «Vivan los Borbones.» Como consecuencia de este desenfreno supersticioso, se dice que en Alais se aconsejó e instigó a las mujeres para que envenenaran a sus maridos protestantes, y al final se encontró conveniente acusarlos de crímenes políticos. Ya no podían aparecer en público sin ser insultados e injuriados. Cuando el populacho se encontraba con protestantes, los tomaban y bailaban alrededor de ellos con un bárbaro regocijo, y en medio de repetidos gritos de Vive le Roi cantaban versos cuyo sentido era: «Nos lavaremos las manos en sangre protestante, y haremos morcillas con la sangre de los hijos de Calvino.»

Los ciudadanos que salían a los paseos buscando aire y frescura fuera de las callejas cerradas y sucias eran ahuyentados con gritos de Vive le Roi, como si aquellos gritos pudieran justificar todos los excesos. Si los protestantes hacían referencia al estatuto, se les aseguraba sin ambages que de nada les serviría, y que sólo habían conseguido asegurar más su efectiva destrucción. Se oyó a personas de rango decir en público: «Se tiene que matar a todos los Hugonotes; esta vez se debe matar a sus hijos, para que no quede nadie de esta maldita raza.»

Es cierto, con todo, que no eran asesinados, sino tratados con crueldad; los niños protestantes no podían ya mezclarse en los juegos con los católicos, y ni siquiera se les permitía aparecer sin sus padres. Al oscurecer, las familias se encerraban en sus apartamentos, pero incluso entonces se lanzaban piedras contra sus ventanas. Cuando se levantaban por la mañana, no era inusual encontrar dibujos de horcas en sus puertas o paredes; y en las calles los católicos sostenían cuerdas ya enjabonadas delante de sus ojos, señalando a los instrumentos con los que esperaban y tramaban acabar con ellos. Se pasaban pequeñas horcas o modelos de las mismas, y un hombre que vivía delante de uno de estos pastores exhibió uno de estos modelos en su ventana, y hacía signos bien significativos cuando pasaba el ministro. También colgaron en un cruce de caminos públicos una figura representando a un predicador protestante, y cantaban los más atroces cánticos debajo de su ventana.

Hacia el final del carnaval se había incluso formado el plan de hacer una caricatura de cuatro ministros del lugar, y quemados en efigie; pero esto fue impedido por el alcalde de Nimes, que era protestante. Una terrible canción fue presentada al prefecto, en la lengua de la región, con una traducción falsa, e impresa con su aprobación, y tuvo mucha aceptación antes que él se diera cuenta del error al que había sido llevado. El sexagésimo tercer regimiento de línea fue públicamente censurado e insultado por haber protegido a los protestantes en cumplimiento de las órdenes recibidas. De hecho, los protestantes parecían ovejas destinadas al matadero.

Las armas católicas en Beaucaire

En mayo de 1815, muchas personas de Nimes pidieron una asociación federativa similar a la de Lyon, Grenoble, París, Aviñón y Montpelier, pero esta federación acabó aquí tras una efímera e ilusoria existencia de catorce días. Mientras tanto, un gran partido de zelotes católicos se habían armado en Beaucaire, y pronto llevaron sus patrullas tan cerca de las murallas de Nimes «que alarmaron a los habitantes.» Estos católicos pidieron ayuda a los ingleses que se encontraban fondeados frente a Marsella, y obtuvieron la donación de mil mosquetes, diez mil cartuchos, etc. Sin embargo, el General Gilly fue pronto enviado contra estos partisanos, impidiéndoles llegar a mayores concediéndoles un armisticio. Sin embargo, cuando Luis XVIII hubo vuelto a París, tras el final del reinado de Napoleón de cien días, y parecieron establecerse la paz y aminorarse los espíritus partidistas, incluso en Nimes, bandas de Beaucaire se unieron a Trestaillon en esta ciudad, para cumplir la venganza premeditada durante tanto tiempo. El General Gilly había dejado el departamento hacia ya varios días; las tropas que dejó tras de si habían asumido la escarapela blanca, y esperaban nuevas órdenes, mientras que los nuevos comisionados habían sólo de proclamar el cese de las hostilidades y el total establecimiento de la autoridad real. Fue en vano; no aparecieron comisionados, no llegaron despachos para calmar y regular la mente del público; pero hacia la tarde entró en la ciudad la vanguardia de los bandidos, que ascendían a varios cientos, indeseados pero sin que se les hiciera oposición.

Mientras marchaban sin orden ni disciplina, cubiertos con ropas o harapos multicolores, adornados con escarapelas, no blancas, sino blancas y verdes, armados con mosquetes, sables, horcas, pistolas y guadañas, borrachos y manchados de la sangre de los protestantes que habían encontrado por el camino, presentaban un aspecto de lo más repelente y pavoroso. En la plaza abierta delante de los cuarteles, se unieron a estos bandidos el populacho armado de la ciudad, encabezados por Jaques Dupont, comúnmente llamado Trestaillon. Para ahorrar derramamientos de sangre, la guarnición de alrededor de quinientos hombres consintió capitular, y salió abatida e indefensa; pero cuando habían pasado alrededor de cincuenta, la canalla comenzó a disparar a discreción contra sus confiadas victimas, totalmente carentes de protección; casi todos murieron o fueron heridos, pero una cantidad muy pequeña pudieron volver a entrar en el patio antes de que se cerraran de nuevo los portones de la guarnición. Estas fueron de nuevo forzadas en un instante, y fueron muertos todos los que no pudieron izarse sobre los tejados o saltar a los jardines adyacentes. En una palabra, se encontraron con la muerte a cada recodo y de todas las formas, y esta matanza ejecutada por los católicos rivalizó en crueldad y sobrepasó en perfidia a los crímenes de los septembristas de París y las degollinas jacobinas de Lyon y Aviñón. Tuvo la marca no sólo del fervor de la Revolución sino también de la sutileza de la liga, y quedará durante largo tiempo como mancha sobre la historia de la segunda restauración.

Matanza y pillaje en Nimes

Nimes exhibía ahora una escena de lo más terrible de ultraje y carnicería, aunque muchos de los protestantes habían huido al Convennes y al Gardonenque. Las casas de campo de los señores Rey, Guiret y otras habían sido saqueadas, y los habitantes tratados con una barbarie despiadada. Dos partidos habían saciado sus salvajes inclinaciones en la granja de Madame Frat; el primero, tras comer, beber y romper el mobiliario, anunció la llegada de sus camaradas, «en comparación con los cuales,» dijeron, «a ellos los considerarían misericordiosos.» Quedaron tres hombres y una anciana en el lugar; al ver llegar a la segunda compañía, dos de los hombres huyeron. «¿Eres católica?», le preguntaron dos de los bandidos a la anciana. «Si.» «Entonces, repite tu Pater y tu Ave.» Aterrorizada como estaba, vaciló, y en el acto le dieron un culatazo con un mosquete. Al volver en si, huyó de la casa, pero se encontró con Ladet, el viejo valet de ferme, que traía una ensalada que sus atacantes le habían ordenado preparar. En vano trato de persuadirle para que huyera. «¿Eres protestante?» le preguntaron. «Si. » Descargándole un mosquete encima, cayó herido, pero no muerto. Para consumar su obra, aquellos monstruos encendieron un fuego con paja y tablones, echaron a su víctima aún viva en las llamas, y lo dejaron morir en las más atroces agonías. Luego se comieron la ensalada, la tortilla, etc. Al siguiente día, algunos trabajadores, viendo la casa abierta y abandonada, entraron, y descubrieron el cuerpo medio consumido de Ladet. El prefecto de Gard, M. Darbaud Jouques, tratando de paliar los crímenes de los católicos, tuvo la audacia de afirmar que Ladet era católico; pero esto fue contradicho públicamente por dos de los pastores de Nimes.

Otra partida cometió un terrible asesinato en St. Cezaire, matando a Imbert la Plume, marido de Suzon Chivas. Lo encontraron al volver de trabajar en los campos. El cabecilla le prometió perdonarle la vida, pero insistió en que debía llevarlo a la cárcel de Nimes. Viendo, sin embargo, que los de la partida estaban decididos a matarle, asumió su carácter natural, y siendo un hombre fuerte y valiente, se adelantó, y exclamó: «¡Vosotros sois unos bandidos! ¡Fuego!» Cuatro de ellos dispararon y él cayó pero no muerto; y mientras estaba aun con vida le mutilaron el cuerpo; y luego, pasando una cuerda a su alrededor, lo arrastraron, atado a un cañón del que se habían apoderado. No fue hasta después dc ocho días que sus parientes supieron de su muerte. Cinco personas dc la familia de Chivas, todos ellos casados y padres de familia, fueron muertos en cl curso de pocos días.

El inmisericorde trato de las mujeres, en esta persecución en Nimes, fue de tal naturaleza que habría ofendido a cualesquiera salvajes que hubieran sabido de ello las viudas Rivet y Bernard fueron obligadas a entregar enormes cantidades dc dinero la casa dc la señora Lecointe fue devastada, y sus bienes destruidos. La señora F. Didier vio su vivienda saqueada y casi arrasada hasta rás de tierra. Una partida de estos fanáticos visitó a la viuda Perrin, que vivía en una pequeña granja en los molinos de viento; tras cometer todo tipo de devastaciones, atacaron incluso el camposanto, que contenía los muertos de la familia. Sacaron los ataúdes y desparramaron su contenido por campos colindantes. En vano recogió esta ultrajada viuda los huesos de sus antepasados para volverlos a poner en su lugar; de nuevo los exhumaron; finalmente, después de varios inútiles intentos, quedaron desparramados sobre la superficie de los campos.

Decreto regio en favor de los perseguidos.

Por fin fue recibido en Nimes el decreto de Luis XVIII que anulaba todos los poderes extraordinarios conferidos ya por el rey, por los príncipes, o agentes subordinados, y las leyes iban ahora a ser administradas por los órganos regulares, y llegó un nuevo prefecto para ponerlas en vigor. Pero a pesar de las proclamaciones, la obra de destrucción, detenida por un momento, no fue abandonada, sino que pronto fue reanudada con renovado vigor y efecto. El treinta de julio, Jacques Combe, padre de familia, fue muerto por algunos de la guardia nacional de Rusau, y el crimen fue tan público que el comandante de la partida devolvió a la familia el libro de notas de bolsillo, y los papeles del fallecido. Al día siguiente multitudes amotinadas llenaron la ciudad y sus suburbios, amenazando a los pobres aldeanos; y el primero de agosto los mataron sin oposición.

Por el mediodía de aquel mismo día, seis hombres armados, encabezados por Truphemy, el carnicero, rodearon la casa de Monot, un carpintero; dos de la partida, que eran herreros, habían estado trabajando en la casa el día antes, y habían visto a un protestante que se había refugiado allí, M. Bourillon, que había sido teniente del ejército, y que se había retirado con una pensión. Era hombre de excelente carácter, pacífico e inofensivo, y nunca había servido al emperador Napoleón. Se lo tuvieron que señalar a Truphemy, que no lo conocía, mientras compartía el frugal desayuno con la familia. Truphemy le ordenó que fuera con él, añadiendo: «Tu amigo Saussine ya está en el otro mundo.» Truphemy lo puso en medio de su tropa, y arteramente le ordenó que gritara Vive l'Empereur, lo cual rehusó, añadiendo que nunca había servido al emperador. En vano las mujeres y los niños de la casa intercedieron por su vida, encomiando sus gentiles y virtuosas cualidades. Fue llevado a la Esplanada y tiroteado, primero por Truphemy, y luego por los demás. Varias personas se acercaron, atraídas por el ruido de los disparos, pero fueron amenazadas con una suerte similar.

Después de un cierto tiempo se fueron los bandidos, al grito de Vive le Roi. Algunas mujeres se encontraron con ellos, y al ver a una de ellas dolorida, le dijo Truphemy: «Hoy he matado a siete, y tú, si dices una palabra, serás la octava.» Pierre Courbet, un tejedor, fue arrancado de su telar por una banda armada, y muerto de un tiro en su propia puerta. Su hija mayor fue abatida con la culata de un mosquete; y a su mujer le tuvieron puesto un puñal junto al pecho mientras los bandidos saqueaban su vivienda. Paul Heraut, sedero, fue literalmente despedazado en presencia de una gran multitud y en medio de los impotentes temores y lágrimas de su mujer y de sus cuatro pequeños hijos. Los asesinos sólo dejaron el cadáver para volver a la casa de Heraut y apoderarse de todo lo que fuera de valor. El número de asesinatos aquel día no puede determinarse. Una persona vio seis cadáveres en el Cours Neuf y nueve fueron llevados al hospital.

Si algún tiempo después los asesinatos se hicieron menos frecuente por algunos días, el pillaje y las contribuciones obligatorias fueron impuestos activamente. M. Salle d'Hombro fue despojado, en varias visitas, de siete mil francos; en una ocasión, cuando adució los grandes sacrificios que había hecho, el bandido le dijo, señalando a su pipa: «Mira, le pondré fuego a tu casa, y con eso,» dijo, blandiendo la espada, «acabaré contigo.» Ante estos argumentos no cabía discusión alguna. M. Feline, fabricante de sedas, fue despojado de treinta y dos mil francos oro, de tres mil francos plata, y de varias balas de seda.

Los pequeños tenderos estaban continuamente expuestos a visitas y exigencias de provisiones, de tejidos, o de cualquier cosa que vendieran. Y las mismas casas que incendiaban las casas de los ricos y destrozaban las vides de los agricultores destrozaban los telares del tejedor, y robaban las herramientas del artesano. La desolación reinaba en el santuario y en la ciudad. Las bandas armadas, en lugar de reducirse, aumentaban; los fugitivos, en lugar de volver, recibían constantes sobresaltos, y los amigos que les daban refugio eran considerados rebeldes. Los protestantes que se quedaron fueron privados de todos sus derechos civiles y religiosos, e incluso los abogados y alguaciles tomaron la resolución de excluir a todos los de «la pretendida religión reformada» de sus cuerpos. Los que estaban empleados en la venta de tabaco perdieron sus licencias. Los diáconos protestantes encargados de los pobres fueron todos esparcidos. De cinco pastores sólo quedaron dos; uno de ellos se vio obligado a cambiar de residencia, y sólo podía aventurarse a administrar los consuelos de la religión o a llevar a cabo las funciones de su ministerio bajo el manto de la noche.

No satisfechos con estos tipos de tormento, publicaciones calumniosas y enardecedoras acusaron a los protestantes de levantar la proscrita bandera de las comunas y de invocar al caldo Napoleón; y naturalmente como siendo indignos de la protección de las leyes y del favor del monarca.

Después de esto, cientos de ellos fueron arrastrados a la cárcel sin siquiera una sola orden escrita; y aunque un diario oficial, llevando el título de Journal du Gard, fue establecido por cinco meses, mientras estuvo influenciado por el prefecto, el alcalde y otros funcionarios, la palabra «estatuto» no fue mencionada una sola vez en él. Al contrario, uno de sus primeros números describió a los sufrientes protestantes como «cocodrilos, que sólo lloran de ira y lamentando que no tengan más victimas que devorar; como personas que habían sobrepasado a Danton, a Marat y a Robespierre en hacer el mal; y que habían prostituído a sus hijas a la guarnición para ganársela para Napoleón.» Un extracto de este artículo, impreso con la corona y las armas de los Borbones, fue voceado por las calles, y su vendedor iba adornado con la medalla de la policía.

Petición de los refugiados protestantes

A estos reproches es oportuno oponer la petición que los refugiados protestantes en París presentaron a Luis XVIII en favor de sus hermanos en Nimes.

«Ponemos a vuestros pies, sire, nuestros agudos sufrimientos. En vuestro nombre son degollados nuestros conciudadanos, y sus propiedades son devastadas. Aldeanos engañados, en pretendida obediencia a vuestras órdenes, se reunieron bajo las órdenes de un comisionado designado por vuestro augusto sobrino. Aunque estaban listos para atacamos, fueron recibidos con seguridades de paz. El quince de julio de 1815 supimos de la llegada de vuestra majestad a París, y la bandera blanca ondeó de inmediato en nuestros edificios. La tranquilidad pública no había sido perturbada, cuando entraron campesinos armados. La guarnición capituló, pero fueron asaltados al retirarse, y fueron muertos casi todos. Nuestra guardia nacional fue desarmada, la ciudad quedó llena de extraños, y las casas de los principales habitantes, que profesan la religión reformada, fueron atacadas y saqueadas. Acompañamos la lista. El terror ha hecho huir de nuestra ciudad a los más respetables ciudadanos.

»Vuestra majestad ha sido engañado si no han puesto delante de vos la imagen de los horrores que transforman en desierto vuestra buena ciudad de Nimes. De continuo tienen lugar proscripciones y arrestos, y la verdadera y única causa es la diferencia de opiniones religiosas. Los calumniados protestantes son los defensores del trono. Vuestro sobrino ha visto a nuestros hijos bajo sus banderas; nuestras fortunas han sido puestas en sus manos. Atacados sin razón, los protestantes no han dado, ni siquiera por una justa resistencia, el fatal pretexto a la calumnia de parte de sus enemigos. ¡Salvadnos, sire! Extinguid la llama de la guerra civil; una sola acción de vuestra voluntad restaurará a la existencia política a una ciudad interesante por su población y por sus productos. Demandad cuenta de su conducta a los cabecillas que han traído tales desgracias sobre nosotros. Ponemos ante vuestros ojos todos los documentos que nos han llegado. El temor paraliza los corazones y apaga las quejas de nuestros conciudadanos. Puestos en una situación más segura, nos aventuramos a levantar nuestra voz en favor de ellos,» etc., etc.

Monstruosos ultrajes contra las mujeres.

En Nimes es cosa bien sabida que las mujeres lavan sus ropas bien en las fuentes, bien en las riberas de los ríos. Hay un gran lavadero cerca de la fuente, donde se puede ver a muchas mujeres cada día, arrodilladas al borde del agua, y golpeando sus ropas con pesadas palas de madera en forma de raquetas. Este lugar llegó a ser el escenario de las prácticas más vergonzosas e indecentes. La canalla católica volvía las enaguas de las mujeres por encima de sus cabezas, y las ataba de manera que continuaran expuestas y sometidas a una nueva clase de tormento; porque, poniendo clavos en la madera de las paletas de lavar en forma de flor de lis, las golpeaban hasta que manaba la sangre de sus cuerpos y sus gritos desgarraban el aire. A menudo se pedía la muerte como fin de este ignominioso castigo, que era rehusada con maligno regocijo. Para llevar este ultraje hasta su mayor grado posible, se empleó esta tortura contra algunas que estaban embarazadas. La escandalosa naturaleza de estos ultrajes impedía a muchas de las que lo habían sufrido hacerlo público, y especialmente relatar sus circunstancias más agravantes. «He visto,» dice M. Duran, «a un abogado católico acompañando a los asesinos de Bourgade, armar una batidora con aguzados clavos en forma de fleur-de-lis; les he visto levantar los vestidos a las mujeres, y aplicarles a sus cuerpos ensangrentados estas batidoras, con fuertes golpes, a la que dieron un nombre que mi pluma rehúsa registrar. Nada podía detenerlos, ni los clamores de las atormentadas mujeres, la efusión de sangre, los murmullos de indignación suprimidos por el temor. Los cirujanos que atendieron a las mujeres que habían muerto pueden testificar, por las marcas de sus heridas, qué agonías deben haber soportado; esto, por terrible que parezca, es sin embargo estrictamente cierto.

Sin embargo, durante el progreso de estos horrores y de estas obscenidades, tan deshonrosas para Francia y la religión católica, los agentes del gobierno tenían poderosas fuerzas a su mando, con las que, si las hubieran empleado rectamente, habrían podido restaurar la tranquilidad. Sin embargo, prosiguieron los asesinatos y los robos, que fueron tolerados por los magistrados católicos, con bien pocas excepciones; es cierto que las autoridades administrativas usaron palabras en sus proclamaciones, etc., pero nunca ejercieron acciones para detener las atrocidades de los perseguidores, que declararon desvergonzadamente que el día veinticuatro, el aniversario de San Bartolomé, tenían la intención de hacer una matanza general. Los miembros de la Iglesia Reformada se llenaron de terror, y en lugar de tomar parte en la elección de diputados, estuvieron ocupados tanto como pudieron para proveer a su seguridad personal.

Ultrajes cometidos en los pueblos, etc.

Dejamos Nimes ahora para examinar la conducta de los perseguidores en la región alrededor. Después del restablecimiento del gobierno monárquico, las autoridades locales se distinguieron por su celo y diligencia en apoyar a sus patronos, y bajo los pretextos de rebelión, ocultación de armas, impago de contribuciones, etc., se permitió a las tropas, a la guardia nacional y al populacho armado saquear, arrestar y asesinar a pacíficos ciudadanos, no meramente con impunidad, sino con aliento y aprobación. En el pueblo de Milhaud, cerca de Nimes, se obligó frecuentemente a los habitantes a pagar grandes sumas para evitar ser saqueados. Sin embargo, esto no valió para nada en casa de Madame Teulon. El domingo dieciséis de julio fueron devastadas su casa y propiedades. Se llevaron o destruyeron sus valiosos muebles, quemaron la paja y la madera, y exhumaron el cuerpo de un niño, enterrado en el jardín, y lo arrastraron alrededor de un fuego encendido por el populacho. Fue con gran dificultad que la señora Teulon escapo con su vida.

M. Picherol, otro protestante, había ocultado algunos de sus bienes en casa de un vecino católico. Atacaron su casa, y aunque respetaron todas las propiedades del último, las de su amigo fueron saqueadas y destruidas. En el mismo pueblo, uno de los de la partida, dudando de si el señor Hermet, un sastre, era el hombre al que buscaban, preguntaron: «¿Es un protestante?» Al reconocerlo, dijeron: «Muy bien.» Y lo asesinaron en el acto. En el cantón de Vauvert, donde había una iglesia consistorial, extorsionaron ochenta mil francos.

En las comunas de Beauvoisin y Generac un puñado de libertinos cometieron excesos similares, bajo la mirada del alcalde y a los gritos de ¡Vive le Roi! St. Gilles fue escenario de las iniquidades más desalmadas. Los protestantes, los más ricos de los habitantes, fueron desarmados, mientras sus casas eran saqueadas. Apelaron al alcalde, pero éste se rió y se fue. Este oficial tenía a su disposición una guardia nacional de varios cientos de hombres, organizada bajo sus propias órdenes. Sería fatigoso leer la lista de los crímenes que tuvieron lugar durante muchos meses. En Clavisson, el alcalde prohibió a los protestantes la' práctica de cantar los Salmos que se acostumbraba celebrar en el templo, para que, como dijo, no se ofendiera ni perturbara a los católicos.

En Sommieres, a unas diez millas de Nimes, los católicos hicieron una espléndida procesión a través de la población, que continuó hasta el atardecer, y que fue seguida por el saqueo de los protestantes. Al llegar tropas forasteras a Sommieres, se reanudó la pretendida búsqueda de armas; se obligaba a los que no poseían mosquetes a comprarlos, con el propósito de que los rindieran, y se les acuartelaron soldados en sus casas a seis francos diarios hasta que entregaran los artículos pedidos. La iglesia protestante, que había sido cerrada, fue convertida en cuartel para los austriacos. Después de haber estado suspendido durante seis meses el servicio divino en Nimes, la iglesia, llamada Templo por los protestantes, fue reabierta, y se celebró el culto público en la mañana del veinticuatro de diciembre. Al examinar el campanario, se descubrió que alguien se había llevado el badajo de la campana. Al aproximarse la hora del servicio, se reunieron varios hombres, mujeres y niños ante la casa de M. Ribot, el pastor, y amenazaron con impedir el culto. Cuando llegó la hora, dirigiéndose él hacia la iglesia, fue rodeado; se le lanzaron los más terribles gritos; algunas de las mujeres le echaron manos al cuello de la camisa; pero nada pudo perturbar su firmeza ni excitar su impaciencia. Entró en la casa de oración y subió al púlpito. Echaron piedras dentro y cayeron entre los adora-dores; sin embargo, la congregación permaneció tranquila y atenta, y el servicio continuó entre ruidos, amenazas e insultos.

Al salir, muchos habrían sido muertos si no hubiera sido por los cazadores de la guarnición, que los protegieron honrosa y celosamente. Poco después el señor Ribot recibió la siguiente carta del capitán de los cazadores.

2 Enero, 1816.

«Lamento profundamente los prejuicios de los católicos contra los protestantes, de los cuales dicen que no aman al rey. Seguid actuando como lo habéis hecho hasta ahora, y el tiempo y vuestra conducta contradecirán de lo contrario a los católicos; si tuviera lugar algún tumulto similar al del sábado, informadme. Conservo mis informes de estos hechos, y silos agitadores resaltan incorregibles, y olvidan lo que deben al mejor de los reyes y al estatuto, cumpliré con mi deber e informaré al gobierno de sus actuaciones. Adiós, querido señor; dad al consistorio seguridades de mi estima, y de los sentimientos que abrigo acerca de la moderación con que afrontaron las provocaciones de los malvados de Sommieres. Tengo el honor de saludaros con respeto.

SUVAL DE LAINE.»

Este pastor recibió otra carta del Marqués de Montlord, el seis de enero, para alentarlo a unirse con todos los buenos hombres que creen en Dios para obtener el castigo de los asesinos, bandidos y perturbadores de la paz pública, y a leer públicamente las instrucciones que había recibido del gobierno a este efecto. A pesar de esto, el veinte de enero de 1816, cuando se celebró el servicio en conmemoración de la muerte de Luis XVI, formándose una procesión, los guardias nacionales dispararon contra la bandera blanca colgada de las ventanas de los protestantes, y terminaron el día saqueándolos.

En la comuna de Angargues, las cosas estaban aún peores; y en el de Fontanes, desde la entrada del rey en 1815, los católicos quebrantaron todos los compromisos con los protestantes; de día los insultaban, y de noche forzaban sus puertas, o las marcaban con tiza para ser saqueadas o quemadas. St. Mamert fue repetidamente visitada por estos saqueos, y en Montruiral, en fecha tan tardía como el dieciséis de junio de 1816, los protestantes fueron atacados, apaleados y encarcelados, por osar celebrar el regreso de un rey que había jurado preservar la libertad de religión y mantener el estatuto.

Relato adicional de las acciones de los católicos en Nimes

Los excesos perpetrados en el campo no parecen haber desviado en absoluto de Nimes la atención de los perseguidores. Octubre de 1815 comenzó sin mejora alguna en los principios o medidas del gobierno, y esto fue seguido por una presunción correspondiente por parte del pueblo. Varias casas en el Barrio St. Charles fueron saqueadas, y sus ruinas quemadas en las calles entre cantos, danzas y gritos de ¡Vive le Roi! Apareció el alcalde, pero la multitud pretendió no conocerle, y cuando se atrevió a reprenderlos, le dijeron «que su presencia era innecesaria, y que se podía retirar.» Durante el dieciséis de octubre, todos los preparativos parecían anunciar una noche de carnicería; se circularon de manera regular y confiada órdenes para reunirse y contraseñas para el ataque; Trestaillon pasó revista a sus secuaces, y los apremió a perpetrar sus crímenes, teniendo con uno de estos malvados el siguiente diálogo:

Secuaz. «Si todos los protestantes, sin excepción, han de ser muertos, me uniré a ello contento; pero como me has engañado tantas veces, no me moveré a no ser que hayan de morir todos. »

Trestaillon. «Pues acompáñame, porque esta vez no escapará nadie. »

Este horrendo propósito habría sido llevado a cabo si no hubiera sido por el General La Garde, comandante del departamento. No fue sino hasta las diez de la noche que se dio cuenta del peligro. Ahora vio que no podía perder un momento. Las multitudes estaban avanzando por 105 suburbios, y las calles se llenaban de rufianes, lanzando las más terribles imprecaciones. La generala sonó a las once de la noche, lo que añadió a la confusión que se estaba extendiendo por la ciudad. Unas cuantas tropas se reunieron alrededor del Conde La Garde, que estaba agitado por la mayor angustia al ver que el mal había llegado a tal paroxismo. Acerca de esto da M. Durand, un abogado católico, el siguiente relato:

«Era cerca de medianoche, mi mujer acababa de quedar dormida; yo estaba al lado de ella, escribiendo, cuando fuimos perturbados por un ruido distante. ¡Qué podía ser aquello! Para apaciguar su alarma, le dije que probablemente se trataba de la llegada o salida de algunas tropas de la guarnición. Pero se podían ya oír disparos y gritos, y al abrir mi ventana distinguí horribles imprecaciones mezcladas con gritos de ¡Vive le Roi! Desperté a un oficial que se alojaba en la casa, y a M. Chancel, director de Obras Públicas. Salimos juntos, Y llegamos al Boulevard. La luna resplandecía brillantemente, y se veía todo casi tan claramente como de día; una enfurecida muchedumbre estaba dirigiéndose hacia la matanza jurada, y la mayor parte iban semidesnudos, armados con cuchillos, mosquetes, palos y sables. Como respuesta a mis indagaciones, me dijeron que la matanza era general, y que muchos habían sido ya muertos en los suburbios. M. Chancel se retiró para ponerse su uniforme como capitán de los Pompiers; los oficiales se retiraron a los cuarteles, y yo, intranquilo por mi mujer, me volví a casa. Por el ruido que ola, estaba convencido de que me seguían algunos. Me deslicé por la sombra de la pared, abrí la puerta de mi casa, entré y la cerré, dejando una pequeña abertura por la que podía vigilar los movimientos de la partida cuyas armas resplandecían bajo la luz de la luna. Poco tiempo después aparecieron algunos hombres armados llevando un prisionero junto al mismo lugar donde yo estaba oculto. Se detuvieron, y yo cerré suavemente mi puerta y subí sobre una chopera plantada junto a la pared del jardín. ¡Qué escena! Un hombre de rodillas implorando clemencia a unos desalmados que se burlaban de su angustia y que lo cargaban de insultos. «¡En nombre de mi mujer y de mis hijos,» decía él, «dejadme! ¿Qué he hecho? ¿Por qué me habéis de asesinar por nada?» Estaba en este momento a punto de gritar y de amenazar a los asesinos con la venganza. Pero no tuve tiempo para decidirme, porque la descarga de varios fusiles acabó con mi indecisión; el infeliz suplicante, tocado en sus lomos y cabeza, cayó para no volverse a levantar. Ahora los asesinos daban la espalda al árbol; se retiraron de inmediato, recargando sus armas. Yo descendí y me acerqué al moribundo, que estaba lanzando profundos y penosos suspiros. Llegaron algunos guardias nacionales en aquel momento, y de nuevo me retiré y cerré la puerta. «Veo un muerto,» dijo uno. «Todavía canta,» dijo el otro. «Mejor será,» dijo un tercero, «rematarlo y poner fin a sus sufrimientos.» De inmediato descargaron cinco o seis mosquetes, y los gemidos cesaron. Al día siguiente, las multitudes acudieron a inspeccionar e insultar al muerto. Los días después de una matanza se observaban siempre como una especie de fiesta, y se dejaban todas las ocupaciones para ir a contemplar las víctimas.» Este era Louis Lichare, padre de cuatro niños; cuatro años después de este acontecimiento, M. Durand verificó este relato bajo juramento durante el juicio de uno de los asesinos.

Ataque sobre las iglesias protestantes

Un tiempo antes de la muerte del General La Garde, el duque de Angulema había visitado Nimes, y otras ciudades al sur, y en aquella primera ciudad honró a los miembros del consistorio protestante con una entrevista, prometiéndoles protección, y alentándolos a reabrir su templo, tanto tiempo cerrado. Tienen dos iglesias en Nimes, y se acordó que la mejor en esta ocasión sería la pequeña, y que se debería Omitir el toque de campanas. El General La Garde manifestó que respondería con su cabeza de la seguridad de la congregación. Los protestantes se informaron en privado entre si que volvería de nuevo a celebrarse el culto a las diez, y comenzaron a reunirse en silencio y con precaución. Se acordó que M. Juillerat Chasseur celebrara el servicio, aunque tal era su convicción de peligro que le rogó a su mujer, y a algunos de los de su grey, que se quedaran con sus familias. Siendo abierto el templo sólo como cuestión formal, y en obediencia a las órdenes del Duque de Angulema, este pastor deseaba ser la única victima. Dirigiéndose al lugar, pasó junto a numerosos grupos que lo miraban ferozmente. «Esta es la oportunidad,» dijo uno, «de darles el último golpe. » «SI, » añadieron otros, «y no se deben perdonar ni a las mujeres ni a los niños.» Un malvado, levantando la voz por encima de los demás, exclamó: «Ah, voy a ir a buscar mi mosquete, y diez como mi parte.» A través de estos sones amenazadores, M. Juillerat prosiguió su camino, pero cuando llegó al templo, el sacristán no se atrevió a abrir las puertas, y se vio obligado a abrirlas él mismo. Al llegar los adoradores, encontraron personas extrañas ocupando las calles adyacentes, y también en las escalinatas de la iglesia, jurando que no iban a celebrar su culto, y gritando: «¡Abajo los protestantes! ¡Matadlos! ¡Matadlos! » A las diez, la iglesia ya casi llena, M. J. Chasseur comenzó las oraciones. De repente, el ministro fue interrumpido con un ruido violento, mezclado con gritos de ¡Vive le Roi! pero los gendarmes consiguieron echar a estos fanáticos y cerrar las puertas. El ruido y los tumultos fuera se redoblaron, y los golpes del populacho que intentaba echar las puertas abajo hizo que la casa resonara con chillidos y gemidos. La voz de los pastores que trataban de consolar a su grey se hizo inaudible; en vano intentaron cantar el Salmo Cuarenta y dos.

Pasaron lentamente tres cuartos de hora. «Yo me puse,» dijo Madame Juillerat, «al pie del púlpito, con mi hija en mis brazos; Finalmente, mi marido se unió a mí y me dio alimentos; recordé desde el principio que era el aniversario de mi casamiento. Después de seis años de felicidad, me dije, estoy a punto de morir con mi marido y mi hija; seremos muertos ante el altar de nuestro Dios, victimas de un deber sagrado, y el cielo se abrirá para recibimos a nosotros y a nuestros infelices hermanos. Bendije al Redentor, y sin maldecir a nuestros asesinos, esperé su llegada.»

M. Oliver, hijo de un pastor, oficial de las tropas reales de línea, intentó salir de la iglesia, pero los amistosos centinelas a la puerta le aconsejaron que permaneciera encerrado con el resto. Los guardias nacionales rehusaron actuar, y la fanática multitud aprovechaba todo lo que podía la ausencia del General La Garde y su creciente número. Al final se oyó música marcial, y voces desde fuera gritaron a los asediados, «¡Abrid, abrid y salvaos!» Su primera impresión fue temer una traición, pero pronto se les aseguró que un destacamento que volvía de Misa había sido dispuesto delante de la puerta para favorecer la salida de los protestantes. La puerta fue abierta, y muchos de ellos escaparon entre las filas de los soldados, que habían empujado a la multitud fuera de allí; pero esta calle, así como las otras por las que tenían que pasar los fugitivos, pronto volvió a quedar llena. El venerable pastor, Olivier Desmond, que estaba entre los setenta y ochenta años de edad, fue rodeado por asesinos; le pusieron puños sobre la cara, y gritaron: «Matad al jefe de los bandidos.» Fue preservado por la actitud firme de algunos oficiales, entre los que estaba su propio hijo; hicieron una barrera delante de él con sus propios cuerpos, y entre sus sables desenvainados lo llevaron a su casa. M. Juillerat, que había asistido al servicio divino con su mujer a su lado y con su hijo en sus brazos, fue perseguido y atacado con piedras, su madre recibió una pedrada en la cabeza, y su vida estuvo en ocasiones en peligro. Una mujer fue vergonzosamente azotada, y varias heridas y arrastradas por las calles; el número de protestantes más o menos maltratados en esta ocasión ascendieron entre unos setenta y ochenta.

Asesinato del General La Garde

Al final se aplicó represión a estos excesos por el suceso del asesinato del Conde La Garde, que, al recibir noticia de este tumulto, montó en su caballo, y entró en una de las calles, para dispersar una multitud. Un villano tomó sus riendas; otro le encañonó con una pistola, casi tocándole, y chilló: «¡Miserable! ¿Tú harás que me retire?» Y disparó inmediatamente. El asesino fue Louis Boissin, un sargento de la guardia nacional; pero, aunque lo sabía todo el mundo, nadie trató de arrestarlo, y escapó. Cuando el general se vio herido, dio orden a la gendarmería para que protegiera a los protestantes, y se lanzó al galope hacia su alojamiento; pero se desmayó inmediatamente al llegar allí. Al recuperarse, impidió al cirujano que le examinara la herida hasta haber escrito una carta al gobierno, para que, en caso de muerte, se pudiera saber de dónde le había venido su herida, y que nadie osara acusar a los protestantes de este crimen.

La probable muerte de este general produjo un pequeño grado de relajación por parte de sus enemigos y alguna calma, pero la masa del pueblo se había entregado durante demasiado tiempo al libertinaje para sentirse refrenado siquiera por el asesinato del representante de su rey. Por la noche volvieron al templo, y con hachas abrieron la puerta. El amenazante son de sus golpes infundieron terror a los corazones de las familias protestantes refugiadas en sus casas, dados al llanto. El contenido de la caja de limosnas fue robado, y también las ropas preparadas para su distribución; los ropajes del ministro fueron destrozados; los libros fueron rotos o llevados; las estancias fueron saqueadas, pero las habitaciones que contenían los archivos de la iglesia, y los sínodos, fueron providencialmente pasadas por alto; y si no hubiera sido por las muchas patrullas a pie, todo hubiera sido pasto de las llamas, y el edificio mismo un montón de ruinas. Mientras tanto, los fanáticos adscribieron el crimen del general a su propia devoción, y dijeron que «era la voluntad de Dios.» Se ofrecieron tres mil francos por la captura de Boissin; pero se sabia bien que los protestantes no osarían capturarlo, y que los fanáticos no querrían. Durante estos acontecimientos, el sistema de conversiones forzadas al catolicismo estaba progresando de una manera regular y temible.

Interferencia del gobierno británico

Para crédito de Inglaterra, el conocimiento de estas crueles persecuciones llevadas a cabo contra nuestros hermanos protestantes en Francia produjeron tal sensación en el gobierno que les llevó a intervenir. Y ahora los perseguidores de los protestantes transformaron este acto espontáneo de humanidad y piedad en pretexto para acusar a los sufrientes de correspondencia traidora con Inglaterra; pero en este estado de acontecimientos, para gran desmayo de ellos, apareció una carta, enviada hacía algún tiempo a Inglaterra por el Duque de Wellington, diciendo que «existía mucha información acerca de los acontecimientos del sur. »

Los ministros de las tres denominaciones en Londres, anhelantes por no ser mal informados, pidieron a uno de sus hermanos que visitara las escenas de persecución, y que examinara con imparcialidad la naturaleza y extensión de los males que deseaban aliviar. El Rev. Clement Perot emprendió esta difícil tarea, y cumplió sus deseos con un celo, una prudencia y una devoción totalmente encomiables. A su regreso proveyó abundantes e irrefutables pruebas de una vergonzosa persecución, materiales para una apelación al Parlamento Británico, y un informe impreso que fue circulado por el continente, y que por primera vez dio una correcta información a los habitantes de Francia.

Se vio ahora que la intervención extranjera era de enorme importancia; y las declaraciones de tolerancia que suscitó en el gobierno de Francia, así como la actuación más cuidadosa de los perseguidores católicos, operó como reconocimientos decisivos e involuntarios de esta interferencia, que algunas personas al principio censuraron y menospreciaron, interferencia que manifestada en la dura voz de la opinión pública en Inglaterra y en otros lugares, produjo una correspondiente suspensión de la matanza y del pillaje; sin embargo, los asesinos y saqueadores quedaban aún sin castigar, e incluso eran aclamados y premiados por sus crímenes; y mientras que los protestantes en Francia sufrían las penas y castigos más crueles y degradantes por insignificantes faltas, los católicos, teñidos de sangre y culpables de numerosos y horrendos asesinatos, eran absueltos.

Quizá la virtuosa indignación expresada por algunos de los más ilustrados católicos contra estos abominables procedimientos tuvieron una parte no pequeña en refrenarlos. Muchos protestantes inocentes habían sido condenados a galeras, o habían sido castigados de otras maneras, por supuestos crímenes basados en declaraciones bajo juramento de desalmados sin principios ni temor de Dios. M. Madier de Montgau, juez de la cour royale de Nimes y presidente del tribunal de Gard y Vaucluse, se sintió obligado en una ocasión a levantar la sesión antes de aceptar el testimonio de un monstruo sanguinario tan notorio como Truphemy. Dice este magistrado: «En una sala del Palacio de Justicia delante de aquella en la que yo me sentaba, varias desafortunadas personas perseguidas por la facción estaban siendo juzgadas, y cada testimonio tendiendo a su condena era aplaudida con gritos de ¡Vive le Roi! Tres veces se hizo tan terrible la explosión de este terrible gozo que fue necesario llamar refuerzos de los cuarteles, y doscientos soldados eran a menudo insuficientes para refrenar a la multitud. De repente redoblaron los gritos y clamores de ¡Vive le Roi!: Llegaba un hombre, vitoreado, aplaudido, llevado en ...... era el terrible Truphemy. Se acercó al tribunal. Había venido a testificar contra los prisioneros. Fue admitido como testigo... ¡Levantó la mano para que le tomaran juramento! Sobrecogido de horror ante aquel espectáculo, me precipité fuera de mi asiento, y entré en la sala de consejo. Me siguieron mis colegas; en vano me quisieron persuadir para que volviera a mi asiento. «¡No!», exclamé, «¡No voy a consentir que este miserable sea admitido para dar testimonio ante una corte de justicia en la ciudad a la que ha llenado de asesinatos; en el palacio, en cuyas escalinatas ha asesinado al desafortunado Burillon. No puedo aamitir que rnate a sus victimas con sus testimonios como con su puñal. ¡El un acusador! ¡El, testigo! No, jamás consentiré que este monstruo se levante en presencia de magistrados para dar un juramento sacrílego, con sus manos aún teñidas de sangre! » Estas palabras fueron repetidas fuera de la puerta; los testigos temblaron; los facciosos temblaron también; los facciosos que guiaban la lengua de Truphemy como habían guiado su brazo, que le dictaban calumnia tras haberle enseñado a asesinar. Estas palabras penetraron en los calabozos de los condenados, e inspiraron esperanza; dieron a otro valiente abogado la resolución de asumir la causa de los perseguidos; llevó las oraciones de inocencia y desgracia al pie del trono; allí preguntó si la evidencia de un Truphemy no era suficiente para anular una sentencia. El rey concedió un perdón pleno y libre.»

Resolución final de las protestantes en Nimes

Con respecto a la conducta de los protestantes, estos ciudadanos tan perseguidos, llevados a un extremado sufrimiento por sus perseguidores, sintieron al final que sólo les quedaba escoger la manera de morir. Decidieron unánimemente que morirían luchando en defensa propia. Esta firme actitud hizo ver a sus perseguidores que ya no podrían asesinar impunemente. Todo cambió de inmediato. Aquellos que durante cuatro años habían llenado a otros con terror, ahora lo sintieron ellos. Temblaban ante la fuerza que hombres, tanto tiempo resignados, hallaban en la desesperación, y su alarma se intensificó cuando supieron que los habitantes de las Cevennes, convencidos del peligro en que se hallaban sus hermanos, estaban dirigiéndose allí en auxilio de ellos. Pero, sin esperar la llegada de estos refuerzos, los protestantes aparecieron de noche en el mismo orden y armados de la misma manera que sus enemigos. Los otros desfilaban por los Boulevards, con su usual ruido y furia, pero los protestantes se quedaron callados y firmes en los puestos que habían tomado. Tres días continuaron estos peligrosos y ominosos encuentros, pero se impidió el derramamiento de sangre por los esfuerzos de algunos dignos ciudadanos distinguidos por su rango y fortuna. Al compartir los peligros de la población protestante, obtuvieron el perdón para un enemigo que ahora temblaba mientras amenazaba.

satanismo,no es broma ,es trampa

desconozco el autor
SATANISMO: NO ES BROMA, ES TRAMPA
¿Existe la posesión diabólica?. El diablo se ha puesto de moda. La película "El exorcista" de W.Friedkin, sobre la novela de W.P. Blatty llegó hace ya años al gran público. Está basada en unos hechos reales acaecidos en Maryland (USA) en 1949.
El Dr.Miguel Tinao, psiquiatra argentino opina: "En mi práctica he tenido algunos casos cuya tenacidad a todo tipo de de tratamiento y características especiales no se avenían con los diagnósticos que conocemos. Estos casos se caracterizan por una imponderable inclinación a la despersonalizació n y todos los síntomas nos aconsejan que hemos de actuar de manera distinta. Estos son, a mi entender, los casos que cabría considerar si pertenecen a lo que la Biblia llama posesión diabólica".
La Biblia relata varios casos de posesión, el más llamativo de los cuales viene relatado en tres evangelios distintos (Mateo 8, Lucas 8 y Marcos 5 ), un endemoniado que habitaba en los sepulcros, se golpeaba con piedras e incluso había roto grilletes metálicos, y que estaba poseído por una "legión" de malos espíritus, Jesús les ordenó salir y entrar en una piara de cerdos que acabó despeñandose.
¿Existe el diablo? Decía el escritor francés Charles Beaudelaire: "El engaño más sutil del Diablo estriba en convencernos de que él no existe".
C.S. Lewis, profesor de Oxford y especialista en el tema, afirma: "Hay dos errores igualmente opuestos entre sí, en los que los hombres pueden caer respecto a los demonios. El primero es negar su existencia. El otro es creer que existen pero teniendo un interés enfermizo en ellos". Sin duda, la posesión demoníaca es un fenómeno que sólo se da ocasionalmente, pero que con el creciente interés por lo oculto, es previsible que vaya en aumento.
Del ocultismo al satanismo.
El ocultismo es la designación colectiva para enseñanzas y prácticas cuyo centro son espíritus desconocidos y/o malignos: hechicería, telepatía, horóscopos, comunicación con "muertos", tarot, etc. En Deuteronomio 18:9-12, leemos que Dios ordena a Israel: "Cuando entres en la tierra prometida, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien [...] practique adivinación, ni agorero, ni sortilegio, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos [...] por estas abominaciones tu Dios echa estas naciones delante de ti".
Música y satanismo.
En 1969, Black Sabbath iniciaba, dentro del rock duro, invocaciones satanistas explícitas. Así, en su canción NIB el diablo intenta obtener el alma de los oyentes.
Una de las canciones más conocidas del disuelto grupo Led Zeppelín contiene, al hacer girar el disco en sentido contrario, las siguientes exclamaciones: "Vivo con Satanás...¡sírveme! . Allí no hay escapatoria con Satanás...señor y amo Satanás".
En una actuación de los Rolling Stones, en el punto culminante de la canción "Simpatía por el diablo", Mick Jagger rasgó su camiseta roja y descubrió un enorme tatuaje en su cuerpo que representaba al diablo. Uno de sus íntimos se preguntaba en aquella ocasión si quizá estaba más dedicado a la magia negra de lo que ellos imaginaban.
Entre el "heavy metal" el satanismo está más generalizado, aunque la gente prefiera creer que sólo son modas para llamar la atención, como también se dedican al alcohol y a menudo a ideologías fascistas. "AC/DC" se abrió un gran paso con "Highway to hell"(Autopista al infierno), cuya letra dice: "Estoy en el camino directo al infierno...no me detengas..."
La lista podría seguir con "Deep Purple", "Eagles", "Iron Maiden", "Kiss", "Uriah Heep"...dentro del "punk" encontramos a Sex Pistols o Nina Hagen. También hay grupos en nuestro país, como "Sangre Cristiana", de Barcelona.
La conocida canción "Hotel California" se encuentra entre los clásicos del satanismo: está dedicada a un hotel donde se realizaba estos cultos.
John Lennon, asesinado en 1980, declaró en 1962 a la revista "Pop": "Yo sé que los "Beatles", como ningún otro grupo, tendrán mucho éxito. Lo sé con seguridad, pues por este éxito he venido mi alma al diablo".
El ocultismo en el cine moderno: Después del éxito de "El exorcista" se han realizado multitud de imitaciones baratas que han contribuido a ridiculizar y banalizar el tema .
Sin embargo, aparecen ocasionalmente películas de gran calidad, como "La Semilla del Diablo", film francamente terrorífico de Polanski, con datos bastante aproximados sobre realidades del satanismo.
Desde el neorromanticismo, el cine moderno va a la búsqueda de dioses desconocidos. A través del "silencio de Dios", cruza a menudo la frontera del ocultismo.
Espiritismo.
El juego espiritista más popular, y muy difundido, es el tablero de la Ouija o vasografía. Se convocan espíritus de "muertos" mediante una tabla de letras con movimiento del vaso o copa, dando respuestas de sorprendente exactitud a preguntas que se les formula. Así, se convocó el espíritu de Poncio Pilato y se obtuvo una respuesta ¡en perfecto latín!.
En "El exorcista" la niña poseída empieza jugando a este "juego".
Actualmente estos ritos se han convertido en peligrosos juegos de salón que sustituyen incluso a las tradicionales cartas. Este juego causa adicción y puede causar transtornos mentales especialmente por los fenómenos extraños (paranormales) que conllevan.
Según testigos, se han dado auténticas presencias satánicas y aparición de animales "poseídos por los espíritus convocados".
En una ocasión el espíritu que dirigía el vaso fue reprendido por un cristiano. Sorprendentemente, la copa empezó a correr en grandes velocidades. Al rato se salió de la mesa y se mantuvo en el aire. Luego regresó a la mesa para señalar la siguiente frase: "Sí , me voy con pena". Volvió a ponerse en el aire y al poco cayó y se rompió.

Avivamiento sin arrepentimiento no es avivamiento


C uando tu lees como los grandes avivamientos de la historia comenzaron,te das cuenta que algo raro esta pasando en la iglesia de Cristo actualmente.esta gente que se dice "avivada" son avivados segun ellos porque tienen musica,aire acondicionado,una iglesia cara,quitaron las bancas y pusieron sillas.Cambiaron el himnario por musica de marcos witt el ecumenico,tienen un grupo de musica ,danzan y ya con eso se avivaron.
En la antuguedad los avivamientos comenzaron con una simple predicacion.Con una predicacion que hablara del cristo crucificado.Con una predicacion que hablara del infierno,de que estas perdido,que tienes que arrepentirte.Actualmente las predicaciones son tan estupidas y light que la gente sigue igual que como llego .Ya no vez gente llorando arrepentidos por haber fallado a Dios.No,lo que predican es de el ego.De sentirte bien contigo mismo.De tener alas de aguila,que eres cabeza y no cola!Ya no predican que Dios es un Dios santo,que es Fuego consumidor.Antes se burlan de nosotros,nos dicen religiosos,fariseos,legalistas,aburridos porque predicamos de santidad y no de que sueños.ellos quieren que sueñes,que te quedes dormido.Por eso la iglesia esta dormida.Le han dicho tanto sueña,sueña,sueña,que terminaron dormidos.Y cuando despierten sera tarde!
La siglesias de Chiapas esta siendo perseguida y nadie de la prosperidad se digna a ayudar a los hermanos en necesidad ni de levantar la voz de protesta por lo que sucede.Para mi esos hermanos perseguidos por la iglesia catolica,son mas avivados que Otoniel Font,wanda Rolon y Benny hinn juntos.Esa gente no sabe que es avivamiento!Ellos viven una mentira,una falsedad y ellos quieren que tu creas esa falsedad sin que sele cuestione.
Escrito por Yamilet gutierrez

sobre intocables cristianos y otros soberbios...


Una frase que se ha vuelto muy popular gracias al hijo del diablo Benny Hinn es la de no toqueis a mis ungidos.Tanto el Benny como el Cesar castellanos,Nahum Rosario y compañia son experto maldiciendo a aquellos que se atrevan a decir algo contra sus disparates teologicos.
Pero cuando vemos la historia del cristianismo,como fueron perseguidos,torturados y masacrados te tienes que cuestionar esta boba-doctrina de estos soberanos hijos del diablo.
Mientras Benny maldice desde el pulpito,Jesus antes de morir les dijo;Padre,perdonalos porque no saben lo que hacen.Mientras Cesar Castellanos conspira para encarcelar a los que se atreven decir algo en contra de ellos,Esteban lleno del espiritu santo,mientras lo apedreaban decia;Padre,no le tomes en cuenta este pecado.Mientras ciertos apologistas por ahi que tienen diz que doctorado te amenzan con demandas por boberias ,Pablo cuando los soldados que lo iban a llevar a que le cortaran la cabeza les profetizo que ellos frente a su tumba se iban arrepentir y aceptar a Jesus.
Que diferencia,de amor y de sufrimiento de estos martires!Donde estan los John Wesley y elresto de los martires que fueron perseguidos y muertos por llevar la p alabra de Dios?La Biblia y la historia de la Iglesia fue escrita con sangre,sangre de martires.Que cuando predicaron la verdad y no lo que el mundo queria escuchar fueron vitupereados,encarcelados,torturados,violados y asesinados.Y no solo ellos,sus familias tambien tuvieron que pasar por esas luchas.Pueblo mio,abre los ojos,no sigan en esa idolatria perversa de hombres que se estan burlando de ustedes!Abre los ojos mi pueblo,por favor.Ustedes nos aben lo que estan haciendo dandole la razon a estos herejes.EN el amor de Cristo;Yamilet Gutierrez

lunes, 26 de enero de 2009

Los dos advenimientos de Cristo

El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano
Los Dos Advenimientos de Cristo


NO. 430

Sermón predicado la noche del domingo 22 de diciembre, 1861

por Charles Haddon Spurgeon

En el Tabernáculo Metropolitano, Newington, Londres.

"Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan." Hebreos 9: 27,28.


Hemos de comenzar advirtiendo el paralelo que plantea aquí el apóstol. Las palabras "y de la manera" y "así también" sugieren una comparación entre dos verdades cuya correspondencia se proponía establecer; la una, un hecho generalmente aceptado; la otra, un hecho que estaba ansioso de inculcar. Ahora ustedes notarán que dice: "está establecido para los hombres que mueran una sola vez," y sólo una. Esto es una verdad innegable. La regla es universal; las excepciones son inapreciables. Una o dos personas habrían muerto dos veces; como, por ejemplo, Lázaro, y los demás que fueron resucitados de los muertos por Cristo. Estos, no podemos dudarlo, después de vivir otro poco, regresaron otra vez a la tumba.

Pero en general, hablando de la raza, "Está establecido para los hombres que mueran una sola vez." Los asuntos más grandes de la vida se realizan una sola vez. Nacemos naturalmente una vez; nacemos espiritualmente una vez; no hay dos nacimientos naturales, ni tampoco hay dos nacimientos espirituales. Vivimos en la tierra solamente una vez; recibiremos la sentencia final únicamente una vez, y entonces seremos recibidos en el gozo de nuestro Señor una vez para siempre, o echados de Su presencia una vez para no regresar nunca.

Ahora, una parte del paralelo del apóstol radica aquí. De la manera que los hombres mueren sólo una vez, así también Cristo murió sólo una vez. Como la ley requería una sola muerte, Jesucristo, habiendo ofrecido esa única muerte como rescate por Su pueblo, cumplió Su tarea. "Porque el día que de él comieres, ciertamente morirás": ese era el castigo; "Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras": ese fue el pago. "El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte." Eso es un hecho, el primero. "Pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado." Eso es un hecho, el segundo.

Pero todavía no han recibido todo el peso de la comparación. Después de que el espíritu de un hombre ha estado una vez en la tierra, ha vivido su tiempo, y el cuerpo ha muerto, su alma ha de visitar otra vez esta tierra, pues "Después de esto el juicio". Todo hombre tendrá dos advenimientos: el advenimiento del que disfruta ahora o que usa ahora indebidamente sobre la tierra; y el advenimiento que espera más allá del presente curso de probación.

Después de que el hombre hubiere descendido a la tumba vendrá aquí otra vez; sus huesos se volverán a unir, cada hueso con su correspondiente; la carne cubrirá el esqueleto y el espíritu regresará, ya sea del cielo en el que se regocija, o del infierno donde aúlla, para ocupar el cuerpo una vez más y estar en la tierra. Todos hemos de venir aquí otra vez.

¿Qué pasaría si el lugar que ahora nos conoce no nos conociera nunca más? No obstante eso, en algún lugar de esta tierra estaremos. ¿Qué sucedería si fuéramos incapaces de reconocer alguna semejanza entre eso y el lugar en el que vivíamos, e incapaces de reconocer alguna semejanza entre nosotros y lo que éramos antes? No obstante eso, hemos de regresar aquí para recibir la sentencia dictada.

Ahora, lo mismo sucede con Cristo. Él murió una vez, y ha de venir una segunda vez. Una segunda vez Su cuerpo ha de estar sobre la tierra. ¡Y después de la muerte, el juicio! Sólo que cuando decimos que Cristo vendrá, Él vendrá, no para ser juzgado sino para ser el Juez. Después de la muerte, nuestra recompensa viene con nosotros; después de la muerte Su recompensa viene con Él. Después de nuestra muerte viene nuestra resurrección; la resurrección ya ha acontecido en Cristo. Cuando acontezca una resurrección tanto para el santo como para el pecador, tendrán lugar la audiencia final y el pronunciamiento de la sentencia. También Cristo vendrá para la postrera reunión de Sus elegidos y el final derrocamiento de Sus enemigos, y para Su coronación final, cuando sujete todo bajo Sus pies, y reine eternamente y para siempre.

Habiendo resaltado de esta manera el paralelo del texto, dejaré que sean ustedes quienes reflexionen sobre él. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez. Eso se ejecutó. La secuela es ahora señalada: aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

Dedicaremos nuestro tiempo en esta noche, -y Dios nos conceda que lo invirtamos provechosamente- observando, primero, la semejanza entre los dos advenimientos de Cristo; segundo, la desemejanza entre ellos, que es un tema mucho más extenso, y luego haremos algunas observaciones concernientes a nuestro interés personal en ambos advenimientos.

I. El texto sostiene muy claramente que, así como estaremos aquí dos veces: una vez en una vida de probación, y una segunda vez en el día del juicio, así también Cristo estará aquí dos veces: una vez en Su vida de sufrimiento, y luego una segunda vez, en Su hora de triunfo, y LAS DOS VENIDAS DE CRISTO TIENEN ALGÚN GRADO DE SEMEJANZA.

Primero, las dos venidas son semejantes entre sí en el hecho de que ambos son advenimientos personales. Cristo vino la primera vez, no como un espíritu, pues un espíritu no tiene carne y huesos como Él tenía. Él era un ser que podía ser cobijado por el pecho de una madre; que podía ser sostenido por los brazos de un padre. Fue uno que pudo caminar después en Su propia persona al templo; uno que pudo llevar nuestros pecados en Su propio cuerpo sobre el madero.

Hemos acabado de una vez por todas con las necias ideas de algunos de los primeros herejes, que afirmaban que la apariencia de Cristo sobre la tierra no era sino la de un fantasma. Nosotros sabemos que Él estuvo aquí real, personal y físicamente en la tierra. Pero no está muy claro para algunas personas que Él ha de venir real, personal y literalmente, una segunda vez.

Yo sé que hay algunos individuos que se están esforzando para descartar un reino personal, pero según lo entiendo, el advenimiento y el reino están tan íntimamente ligados, que hemos de tener un advenimiento espiritual si hemos de tener un reino espiritual. Ahora, nosotros creemos y sostenemos que Cristo vendrá súbitamente una segunda vez para levantar a Sus santos en la primera resurrección; esto será el comienzo del gran juicio, y ellos reinarán con Él posteriormente. El resto de los muertos no vivirá sino hasta después de que terminen los mil años. Entonces se levantarán de sus tumbas al sonido de la trompeta, y su juicio vendrá y recibirán sentencia por los actos que hicieron en sus cuerpos.

Ahora, nosotros creemos que el Cristo que se sentará en el trono de Su padre David, y cuyos pies estarán sobre el Monte del Olivar, es un Cristo tan personal como el Cristo que vino a Belén y lloró en el pesebre. Nosotros creemos efectivamente que el propio Cristo cuyo cuerpo colgó sobre el madero se sentará sobre el trono; que la propia mano que sintió el clavo, sostendrá el cetro; que el propio pie que fue clavado a la cruz, aplastará el cuello de Sus enemigos. Nosotros esperamos el advenimiento personal, el reino personal, la audiencia personal y el juicio final de Cristo.

Los dos advenimientos no son menos semejantes en el hecho de que ambos serán de acuerdo a la promesa. La promesa de la primera venida de Cristo alegraba a los primeros creyentes. "Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó." El epitafio grabado sobre las losas que cubrían los sepulcros de los antiguos santos, tiene inscrita esta leyenda: "Murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos."

Y hoy nosotros creemos que Cristo ha de venir de acuerdo a la promesa. Creemos que tenemos una abundante evidencia en las palabras que fueron expresadas por los labios de los inspirados profetas y videntes, y más especialmente en las palabras procedentes de la extasiada pluma de Juan en Patmos. ¿Acaso no testifican que Cristo ha de venir en verdad?

Nosotros ahora, al igual que Abraham, en efecto vemos Su día. Nuestros ojos captan el esplendor venidero. Nuestra alma se encuentra sobrecogida por la gloria que se aproxima. ¿Esperaba el judío al Mesías, al Príncipe? Nosotros también lo esperamos. ¿Esperaba el judío que reinara? Nosotros también esperamos que reine. De hecho, el mismo Príncipe esperado ahora por Israel en toda la dureza de su corazón, es el que esperamos nosotros. Ellos dudan del primer advenimiento del Mesías, y esperan que venga como el señalado entre diez mil, el Príncipe de los Reyes de la tierra. ¡Salve, Israel! En esto tus hermanos gentiles están de acuerdo. Tus hermanos gentiles esperan Su llegada en la misma forma y manera, y cuando Su llegada haya quitado las escamas de los ojos ciegos de los miembros las tribus de Israel, entonces la plenitud de los gentiles, conjuntamente con la simiente de Abraham, alabará y engrandecerá al Cordero que fue una vez inmolado, y que viene la segunda vez como el León de la tribu de Judá. Nosotros creemos que en ambos casos, el advenimiento de Cristo está plenamente prometido.

Pero hemos de notar, a continuación, que el segundo advenimiento de Cristo será semejante al primero en que será inesperado para la vasta mayoría del pueblo. Cuando vino anteriormente, sólo había unos cuantos que le esperaban. Simeón y Ana y algunas humildes almas semejantes, sabían que estaba a punto de llegar. Los otros sabían que los patriarcas y los profetas de su nación habían profetizado Su nacimiento; pero la vanidad de sus pensamientos, y la conducta de sus vidas discrepaban tanto del credo en el que habían sido educados, que no le otorgaban ninguna importancia. Los magos llegaron del distante oriente, y los pastores se presentaron de las llanuras vecinas, pero cuán poco impacto generó en las calles de la atareada Jerusalén, en los salones de los reyes, y en las casas de comercio.

El reino de Dios no vino con observación. El Hijo del Hombre no vino en tal honor como en el que pensaron que vendría. Y ahora, aunque tenemos las palabras de la Escritura que nos aseguran que Él vendrá pronto, y que Su recompensa viene con Él, a pesar de ello, ¡cuán pocos le están esperando!

La llegada de algún Príncipe extranjero o la proximidad de algún grandioso evento se esperan y se anticipan desde la misma hora en que el propósito es promulgado entre la gente. Pero en cuanto a Tu venida, Jesús, a Tu glorioso advenimiento, ¿dónde están los que esfuerzan sus ojos para captar los primeros rayos del sol naciente? Hay unos cuantos de Tus seguidores que esperan Tu aparición. Nos encontramos con unos cuantos individuos que saben que el tiempo es breve, y que el Señor puede venir al canto del gallo, o a la medianoche o al despuntar el alba. Conocemos a unos cuantos discípulos amados que con corazones anhelantes pasan las tediosas horas de espera, mientras preparan cánticos para recibirte, ¡oh Emanuel!

"Extranjeros en la tierra, te esperamos;
Oh, abandona el trono del Padre,
Ven con un grito de victoria, Señor,
Y reivindícanos como propiedad Tuya.
No buscamos un lugar de reposo en la tierra,
No vemos nada de hermosura,
Nuestra mirada está fija en el trono real,
Preparado para nosotros y para Ti."

¡Señor, incrementa el número de los que esperan en Ti, y desean, y oran, y están atentos, y vigilan a lo largo de las monótonas horas de la noche, en espera de la mañana que anuncie Tu llegada!

Sin embargo, observen que cuando Él venga, habrá que decir esto al respecto: que Él vendrá para bendecir a quienes efectivamente le esperan de igual manera que lo hizo al principio. Bienaventurados fueron los ojos que lo vieron; bienaventurados fueron los corazones que lo amaron; bienaventurados fueron los oídos que lo oyeron; bienaventurados fueron los labios que lo besaron; bienaventurados fueron las manos que quebraron el frasco de alabastro para tributo de Su gloriosa cabeza. Y bienaventurados serán quienes sean considerados dignos de la resurrección y del reino que ha preparado. Bienaventurados aquellos que, habiendo sido nacidos del Espíritu pueden ver el reino de Dios; pero doblemente bienaventurados son aquellos que, habiendo sido nacidos de agua y del Espíritu, entrarán en el reino de Dios.

Pues no a todo el mundo le es dado esto. Hay algunos que todavía no ven el reino, y otros que no pueden entrar porque no obedecen la ordenanza que los convierte en discípulos de Cristo. Triplemente bienaventurados serán aquellos que, con sus lomos ceñidos, siendo siervos obedientes y habiendo hecho Su voluntad, le oirán decir: "Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo." Él viene para bendecir a Su pueblo.

Pero, luego, hay una semejanza adicional, y con su mención, concluyo este primer punto: Él viene, no únicamente para bendecir a Su pueblo, sino para ser piedra de tropiezo y roca que hace caer para aquellos que no creen en Él. Cuando Él vino la primera vez, Él fue como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Así como el fuego purificador quema la escoria, así consumió Él a los fariseos y saduceos; y así como el jabón de lavadores limpia la inmundicia, así lo hizo Él con esa generación cuando la condenó, -como el profeta Jonás lo hizo con los hombres de Nínive- pues condenó a los hombres de Jerusalén debido a que no se arrepintieron.

Así también, cuando venga la segunda vez, a la par que bendecirá a Su pueblo, Su aventador estará en Su mano, y limpiará Su era, y recogerá el trigo en Su granero, y quemará la paja en el fuego que nunca se apagará.

No anhelen la venida de Cristo si no le aman, pues el día del Señor será para ustedes tinieblas y no luz. No pidan el fin del mundo; no digan: "Ven pronto", pues Su venida será la destrucción de ustedes; Su advenimiento será la llegada del horror eterno para ustedes. Que Dios nos conceda amar al Salvador y poner nuestra confianza en Él; pero sólo hasta entonces podremos decir: "¡Ven pronto, ven pronto, Señor Jesús!"

II. Ahora vamos a referirnos a la segunda parte de nuestro tema, LA DESEMEJANZA ENTRE LOS DOS ADVENIMIENTOS.

En las profecías de Su venida la primera y la segunda vez, hubo una disparidad así como también una correspondencia. Es cierto que en ambos casos Él vendrá acompañado por ángeles, y el cántico será: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" Es cierto que en ambos casos los pastores que guardan sus rebaños incluso por la noche, se contarán entre los primeros en aclamarlo con ojos insomnes; bienaventurados son los pastores que vigilan los rebaños de Cristo y que por tanto verán al Grandioso Pastor cuando venga. Sin embargo, cuán diferente será Su venida, yo digo. Al principio vino como un infante de un palmo de longitud; ahora vendrá siendo el Glorioso:

"Ceñido con guirnalda de arcoíris y nubes de tormenta."

Entonces entró en un pesebre; ahora ascenderá a Su trono. Entonces se sentó sobre las rodillas de una mujer, y descansó en el pecho de una mujer; ahora la tierra estará a Sus pies y el universo entero descansará en Sus hombros eternos. Entonces pareció un infante; ahora el infinito. Entonces nació para experimentar aflicciones como chispas que vuelan a lo alto; ahora viene para gloria como el rayo de un extremo del cielo hasta el otro. Un establo lo recibió entonces; ahora los altos arcos de la tierra y del cielo serán demasiado pequeños para Él. Bueyes de largos cuernos fueron entonces Sus compañeros, pero ahora los carros de Dios que son veinte mil, incluyendo miles de ángeles, estarán a Su diestra. Entonces, en pobreza, Sus padres estuvieron muy contentos de recibir las ofrendas de oro, incienso y mirra; pero ahora, en medio de esplendor, Rey de reyes y Señor de señores, todas las naciones se inclinarán ante Él, y reyes y príncipes le rendirán homenaje a Sus pies. Aun así, Él no necesitará nada de mano de ellos, pues podrá decir: "Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti, porque míos son los millares de animales en los collados." "Todo lo pusiste debajo de sus pies: ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo." "De Jehová es la tierra y su plenitud."

Ni tampoco habrá una simple diferencia en Su venida; habrá una muy clara y evidente diferencia en Su persona. Él será el mismo, de tal manera que seremos capaces de reconocerlo como el Hombre de Nazaret, pero, ¡oh, cuán cambiado! ¿Dónde está ahora el vestido de obrero? La realeza se ha puesto ahora su manto de púrpura. ¿Dónde están ahora los pies cansados de caminar que necesitaban ser lavados después de sus largas jornadas de misericordia? Ahora esos pies calzan sandalias de luz y son "semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno." ¿Dónde está ahora el clamor: "Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas Yo, el Hijo del Hombre no tengo dónde recostar mi cabeza"? El cielo es Su trono; la tierra es Su estrado.

Me parece que en visiones nocturnas contemplo el despuntar del día. Y al Hijo del Hombre le es dado "dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran." ¡Ah!, quién pensaría reconocer en el hombre cansado y lleno de dolores, al Rey eterno, inmortal, invisible. Quién pensaría que el humilde hombre, despreciado y rechazado, era el trigo para siembra del cual crecería grano lleno en la espiga, Cristo todo glorioso, delante de Quien los ángeles velan Sus rostros y claman: "¡Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso!"

¡Él es el mismo, y, sin embargo, cuán cambiado está! Ustedes que lo despreciaban, ¿lo despreciarían ahora? Imaginen que el día del juicio ha llegado, y supongan que esta vasta audiencia representa la reunión de la última terrible mañana. ¡Ahora ustedes que despreciaban Su cruz, pasen al frente e insulten Su trono! ¡Ahora ustedes que decían que era un simple hombre, acérquense y resístanle, mientras Él les demuestra que es su Creador! Ahora ustedes que decían: "no queremos que este hombre reine sobre nosotros", díganlo ahora si se atreven; ¡repitan ahora, si se atreven, su desafío presuntuoso! ¡Cómo!, ¿se quedan callados? ¿Dan la vuelta y huyen? En verdad, en verdad, eso se dijo de ustedes en el pasado. Los que le odian huirán delante de Él. Sus enemigos lamerán el polvo. Gritarán a las rocas que los cubran y a los montes que los escondan de Su rostro. Cuán cambiado, repito, estará Él en la apariencia de Su persona.

Pero la diferencia será más aparente en el tratamiento que recibirá entonces. Ay, Señor mío, Tu recibimiento en la tierra la primera vez no fue tal que te motivara a regresar aquí. "Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: se encomendó a Jehová; líbrele él; sálvele puesto que en él se complacía; me he convertido en vituperio, en la canción del bebedor; me han puesto por burla y escarnio." "Le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos." Esta era la opinión del mundo acerca del Ungido de Dios. Así saludaron al Cristo de Jehová cuando vino la primera vez.

Mundo ciego, abre tus ojos mientras los terribles truenos del juicio te sobresaltan de terror y de asombro, y mira a tu alrededor. Este es el hombre en quien no podías ver belleza; ¿te atreverías a decir lo mismo de Él ahora? Tiene ojos como llamas de fuego y de Su boca sale una espada aguda; el pelo de Su cabeza como lana limpia y Sus pies semejantes al oro bruñido. ¡Cuán glorioso es ahora! ¡Cuán diferente es ahora la opinión del mundo acerca de Él! Los malvados lloran y se lamentan por causa de Él. Los piadosos claman: "¡Salve! ¡Salve! ¡Salve!", y aplauden, e inclinan sus cabezas, y saltan de gozo. A Su alrededor un innumerable grupo de ángeles espera; querubines y serafines con ruedas ardientes le sirven a Sus pies, y alzan siempre su voz a Él, continuamente, continuamente, continuamente, diciendo: "Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso."

Supongamos de nuevo que el día del juicio ha llegado, y retemos al mundo a que trate al Salvador como lo hizo antes. ¡Entonces, ahora, muchedumbres, arrástrenle para despeñarle desde la cumbre del monte! Den un paso al frente, ustedes fariseos, y tiéntenle y procuren enredarlo en Sus palabras. Herodianos, ¿acaso no tienen ahora un centavo para que puedan hacerle una pregunta difícil para atraparlo? Qué, saduceos, ¿no les queda ningún acertijo? ¡Ajá! ¡Ajá!, ríanse de los escribas y de los hombres sabios; vean cómo el Hombre sabio de Nazaret los ha confundido a todos ellos. ¡Miren cómo el Sufridor ha reducido a nada a los perseguidores! ¡Vamos, Judas, architraidor, véndelo por treinta piezas de plata! ¡Pilato, da un paso al frente y lava tus manos en inocencia y di: "inocente soy yo de la sangre de este justo"! Pongan atención, ustedes padres del Sanedrín, despierten de sus largos sueños y digan otra vez, si se atreven, "Este blasfema". Soldados, hiéranlo en la mejilla; pretorianos, denle otra vez de puñetazos. Siéntenlo una vez más en la silla y escúpanle el rostro. Tejan su corona de espinas y cíñanla sobre Su cabeza, y pongan la caña en Su diestra. ¡Cómo!, ¿no tienen un viejo manto para arrojarlo nuevamente sobre Sus hombros? ¡Qué!, ¿ya no tienen cantos, ni burlas obscenas, y no hay nadie entre ustedes que se atreva a arrancarle Sus cabellos?

No, ¡véanlos cómo huyen! Sus lomos no están ceñidos; los escudos de los valientes han sido arrojados a los vientos. El valor les ha faltado; los valerosos romanos se han vuelto cobardes, y los fuertes toros de Basán se han alejado presurosamente de sus pastos. Y ahora, ustedes que son judíos, clamen: "¡Muera!", digan que quieren que Su sangre sea sobre ustedes y sobre sus hijos. Ahora pasen al frente, ustedes que conforman la cuadrilla de libertinos, y búrlense de Él como lo hicieron cuando estaba sobre la cruz. Señalen Su heridas; escarnezcan Su desnudez; búrlense de Su sed; denigren Su oración; párense y saquen sus lenguas e insulten Sus agonías si todavía se atreven. ¡Ustedes lo hicieron una vez; se trata de la misma persona; háganlo otra vez!

Pero no; caen postrados sobre sus rostros y un gemido se eleva de la muchedumbre congregada, de naturaleza tal, que no se había escuchado jamás en la tierra, ni siquiera en el día en el que los hijos de Egipto sintieron la espada del ángel; y, un llanto peor que el que se conoció en Boquim; y lágrimas más amargas que las que Raquel derramó cuando no quiso ser consolada por sus hijos.

Sigan llorando, aunque ahora es demasiado tarde para su aflicción. ¡Oh!, si hubiera habido una lágrima de penitencia antes, no existiría el remordimiento que gime ahora. ¡Oh!, si hubiera habido la mirada del ojo de la fe, no habría la marchitez y el asolamiento de sus ojos con horrores que los consumirán por completo. Cristo viene, repito, para ser tratado de manera muy diferente del tratamiento que recibió anteriormente.

La diferencia se presenta una vez más en esto: Él vendrá de nuevo con un propósito muy diferente. Él vino la primera vez así: "El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado." Él viene una segunda vez para reclamar la recompensa y para repartir despojos con los fuertes. Él vino la primera vez con una ofrenda por el pecado; habiendo presentado esa ofrenda una vez, ya no hay más sacrificio por el pecado. Él viene la segunda vez para administrar justicia. Él fue justo en Su primera venida pero era la justicia de la obediencia. Él será justo en Su segunda venida con la justicia de la supremacía. Él vino para sufrir el castigo; Él viene para obtener la recompensa. Él vino para servir; Él viene para gobernar. Él vino para abrir de par en par las puertas de la gracia; Él viene, no para salvar, sino para pronunciar la sentencia; no para llorar mientras invita, sino para sonreír mientras recompensa; no para temblar en el corazón mientras proclama la gracia, sino para hacer temblar a otros mientras declara su condenación. ¡Oh, Jesús, cuán grande es la diferencia entre Tus dos advenimientos!

III. Ahora debo dedicar los pocos minutos que restan a HACER UNAS CUANTAS PREGUNTAS.

¿Qué tiene que ver esto con nosotros? Tiene algo que ver con cada uno de nosotros, desde el calvo más anciano hasta el sonrosado niñito que nos está escuchando con ojos sorprendidos ante el pensamiento que Cristo vendrá, y que todo ojo le verá. Hay muchos espectáculos que únicamente unos cuantos entre los hijos de los hombres pueden ver, pero todo ojo le verá a Él. Muchos de nosotros nos habremos ido de esta tierra cuando la siguiente gran exhibición sea vista en Londres, pero todo ojo le verá a Él.

Puede haber algunos grandiosos espectáculos por los que no sientan ningún interés; no los verían si pudieran evitarlo, pero a Él sí lo verán. Podrías no asistir a ningún lugar de adoración para oírlo, pero le verás. Tal vez asististe a la casa de Dios algunas veces, y cuando te encontrabas allí, hiciste votos de no regresar nunca. ¡Ah!, pero allí estarás en aquel momento, sin que se te pregunte tu preferencia. Y tendrás que permanecer hasta la conclusión, hasta que Él pronuncie sobre tu cabeza ya sea la bendición o la maldición. Pues todo ojo le verá. No habrá ninguno de nosotros que estará ausente en el día en que Cristo aparezca; entonces todos tenemos un interés en ello.

¡Ay, es un pensamiento aflictivo que muchos le verán para llorar y lamentar! ¿Te encontrarás dentro de ese número? No, no mires a alrededor tuyo, a tu vecino: ¿te encontrarás entre ese número? ¡Ay de ti! Si nunca lloras por el pecado en la tierra, estarás entre ellos. Si no lloras por el pecado en la tierra, llorarás por el pecado allí; y, fíjate, si no vuelas a Cristo y confías en Él ahora, estarás obligado a huir de Él y ser maldecido por Él entonces. "El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene"; ¡maldito con un anatema! Pablo dijo eso. En el nombre de la Iglesia, por medio de su apóstol más amoroso y tierno, el alma que no ama a Cristo es maldecida. En aquel día el cielo ha de ratificar solemnemente la maldición con un "Amén"; y el día del juicio trae sus truenos que retumbarán con terribles coros el sonido: "Amén; el que no amare al Señor Jesucristo, sea maldito."

Pero habrá algunos allí que, cuando Cristo venga, se regocijarán grandemente de verle. ¿Estarás tú entre ese número? ¿Habrá una corona para ti? ¿Participarás de ese magnífico triunfo? ¿Serás un miembro de esa corte real que se deleitará y "verá al Rey en su hermosura" en "la tierra que está lejos"?

Hermana, ¿estarás entre las hijas de Jerusalén que saldrán a recibir al Rey Salomón con la corona que su madre le coronó el día de sus esponsales? Hermano, ¿estarás entre aquellos que saldrán a recibir al Rey cuando venga acompañado de: "Hosanna; Bendito el que viene en el nombre del Señor"?

"Así lo espero", afirma uno. Yo así lo espero también, pero, ¿estás seguro? "Bueno, pues yo lo espero". No te contentes con tener una esperanza a menos que sepas que es una buena esperanza por medio de la gracia. ¿Qué dices esta noche: has nacido de nuevo? ¿Has pasado de muerte a vida? ¿Eres una nueva criatura en Cristo Jesús? ¿Ha tenido el Espíritu de Dios algún trato contigo? ¿Has sido conducido a ver la falacia de toda confianza en lo humano? ¿Has sido conducido a ver que ninguna buena obra tuya puede hacerte idóneo para reinar con Cristo? ¿Has sido conducido a desechar tu justicia como trapos inmundos? Alma, ¿podrías decir el día de hoy?:

"Mi fe en verdad apoya su mano
Sobre esa amada cabeza Tuya;
Y allí como un penitente permanezco,
Y confieso mi pecado."

¿Podrías decir humildemente, débilmente, pero aun así, sinceramente: "Cristo es mi todo; Él es todo lo que deseo en la tierra; Él es todo lo que necesito para el cielo"? Si así fuera, entonces anhela Su venida, pues le verás, y serás glorificado en Él. ¡Pero si no pudieras decir eso…!

Nos estamos acercando al fin del año. Esta es la última vez que tendré el placer de dirigirme a ustedes en este año. ¡Oh, que el Señor trajera más personas en la última semana del año que en todas las semanas que han pasado! Es posible; nada es demasiado difícil para Dios. Ciertamente sucederá eso si el Señor despierta sus corazones, hermanos y hermanas, a orar por ello.

¿Acaso no hay jóvenes aquí que todavía no son seguidores del Cordero? ¡Oh, que esta noche, que esta misma noche, el Espíritu de Dios diga a sus corazones: "Volveos, volveos… ¿por qué moriréis?"! Y, ¡oh!, que sean conducidos a estar tan intranquilos, que esta noche sean incapaces de dar descanso a sus ojos ni sueño a sus párpados, hasta no haber puesto su confianza en Cristo, y que Él les pertenezca.

Probablemente mañana oirán las armas señalando el momento en el que las cenizas del Príncipe sean colocadas en su lugar de descanso. Que cada disparo sea un sermón para ustedes, y cuando su corazón esté resonando con violencia, que este sea su mensaje:

"Preséntate al juicio,
Preséntate al juicio; ven presto."

Y que puedan ser capaces de responder conforme oigan ese mensaje: "sí, bendito sea Dios, no tengo miedo de presentarme al juicio, pues:

"Osado estaré en aquel grandioso día;
¿Ya que quién podría acusarme de algo?
Pues, a través de Tu sangre absuelto soy,
De la tremenda maldición y vergüenza del pecado."

Recuerden que la salvación es por Cristo; no por obras, ni por la voluntad de varón, ni por la sangre, ni por nacimiento; y este es el mensaje que Cristo nos ordena entregar: "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¡Oh!, que fueran conducidos a invocar Su nombre por medio la oración y la fe humilde, y serán salvos. "El que en él cree, no es condenado." ¡Oh!, que creyeran en Él esta misma noche si no lo hubiesen hecho anteriormente. Toca el borde de Su manto, tú que padeces de flujo de sangre. Di: "¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!", tú que estás ciego. Di: "¡Señor, sálvame, que perezco!", tú que estás a punto de ahogarte. Y los oídos atentos de Jesús, y las manos prestas del Salvador oirán ahora y bendecirán si el corazón está listo, y si el alma está pidiendo misericordia. Que Dios les conceda las más ricas bendiciones de Su gracia por Cristo nuestro Señor. Amén.

Nota agregada al final del sermón:

'Tal vez sería impropio desearles desde el púlpito "las felicitaciones de la estación", pero yo en verdad les deseo la bendición de Dios en todas las estaciones, a tiempo y fuera de tiempo, y esa es mi bendición para ustedes esta noche, que reciban la bendición de Dios mientras vivan, y Su bendición cuando mueran; Su bendición en Su advenimiento, y Su bendición en el juicio. Que el Señor los bendiga más y más; que les conceda una feliz Navidad y el más feliz de los años nuevos, y a Él sea toda la alabanza y la honra.'




sábado, 24 de enero de 2009

predicas ridiculas de la g12


haz escuchado alguna vez algun predicador diciendo sandeces y estupideces?Bueno,pasate por una iglesita ungida de la g12 ,donde escucharas imbecilidades como;
No deben de cantar la cancion "el rubio de Galilea,eso es racista"
No canten los himnos del ayer,no son canciones ungidas,las nuestras si tiene poder.
Antes esta iglesia no estaba ungida hasta que llego la g12,ahora si somos lavados con la sangre de Cristo,antes no.
No se necesita bautizarse,con tomar una ridicula clase de pacto ya eres miembro de la iglesia.
Pero lo que escuche no hace mucho de Cash Luna fue algo sumamente estupido;
DIos le dijo a Moises que se presentara como El Yo Soy,porque lo que el queria decir era que quien lo enviaba era Moises.Que cuando los israelitas preguntaran quien los envio,Moises decia Yo soy ,los israelitas entenderian que era Moises.[Que estupidez,Yo soy es uno de los nombres de Dios en la Biblia por favor !!!!!]
Otra boba-predicacion es decir que Juan el bautista era el padre espiritual de Jesus.Mas que boba predicacion es blasfemia!
Insinuar que Jesus no conocia a Dios como Dios que liberta ,es otra boba-predicacion.
Y si seguimos con las boba-predicaciones de la g12 no terminamos.Lo lamentable es que la gente le dice Amen a todas esas estupideces.
Como la boba predicacion es que El shadaii significa pechos,amamantar.Cuando escuches a un insensato sacar de contexto el hebreo de esa forma,ese inepto,es un g12 pasao!!!!

el peligro de aceptar la apostasia

1Ki 22:22 El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; vé, pues, y hazlo así.
1Ki 22:23 Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti.
Este capitulo de la biblia habla del fin de Acab el malvado rey de Israel,el marido de la perra infame Jezabel.
Acab le gustaba la profecia,pero solo le gustaba la profecia "bonita".
Odiaba la palabra verdadera,la profetica ,fuerte.Lo aborrecia y decia del profeta Micaias que solo traia mal a el.
Mientras todos los profetas predicaban de paz y de que le ira fabulosamente bien,Micaias al principio dijo lo que queria escuchar el rey.Pero ellos insistieron que le dijeran la verdad y le dijo lo que el estaba viendo.
No le agrado a Acab y lo mando a la carcel

El espiritu de acab es aquel pastor que solo predica de victoria,de cosas buenas.es ese profeta que solo predica lo que los demas quieren escuchar!
Al igual que a Elias ,a Micaias lo aborrecen por decir la verdad delante de Dios.
Dios envia un espiritu de mentira[permite]a todos esos pastores que soloquieren escuchar de las victorias y que se molestan cuando les habla la verdad de la palabra.
Este sera el año de cambio!El año de la justicia!El año de las mies!El año de la cosecha!Dios te va a prosperar y perseguira tu deuda hasta matarla!Este sera el año para los jovenes empresarios,comenzara un avivamiento en la iglesia catolica y comenzara otro avivamiento para los niños!
Dios les envio a esta gente unespiritu de mentira,porque ustedes no quisieron escuchar la verdad.Dentro de un año estaran llorando y lamentandose,porque cada navidad sera peor que la anterior.Porque este año no te dara el dinero para los alimentos.Porque si aumentaran los porcientos de las tazas deinteres,los bancos tendran tantos problemas que en algun momento no dejara que nadie saque dinero!Del susto que tendra!Cada año se pondra peor.Los primeros meses color de rosa.Pero luego el llanto y crujir de dientes!
Les confesare algo,las profecias de David Wilkerson me parecian al principio tan duras y sus palabras tan fuertes!Pero Dios ha confirmado que este hombre si es un verdadero profeta de Dios.Todo lo que ha dicho ha salido para la gloria de Jesus y loque escribi arriba es solo parte de lo que el ha profetizado.Los bancos van a cerrar y ya veremos dentro de poco tiempo un corralito americano!
Pero no solo eso,este pasaje de la biblia en el libro de cronicas indica que josafat,un rey que fue recto delante de Dios hizo parentesco con Acab ,el esposo de Jezabel.Les dire algo a los buenos pastores descentes que yo se que estan por ahi.Mucho cuidado con invitar a sus iglesias alos profetas de Acab?Los 400 profetas de Acab solo profetizan lo bueno.No te dejes llevar pastor por Acab.La razon por la cual sobrevivio Josafat y no Acab es que Josafat hizo lo recto delante de Dios.Pero Josafat le pidio consejo a Acab.Acab prefirio el consejo falso de sus profetas que profetizban solo lo que el queria escuchar y por eso como castigo ,por encarcelar al verdadero ungido,al que verdaderamente dijo la palabra de parte de Dios ,Jehova lo castigo con la muerte.
La muerte espiritual es para todo aquel que seplace en escuchar espiritus de mentira.Jesus dice que no temas el que te pueda matar tu carne,si no teme aquel que no solo mata tu carne,sino que tiene poder de echar tu alma al infierno!
Lobos,perros sedientos de sangre!Que devoran a la oveja,que la trasquilan!Haciendo pacto con los buenos pastores para contaminarle con sus mentiras y dañarlos!
Tengan discernimiento pueblo mio,no invites a estos lobos a tu iglesia.

El regreso de los Vigilantes

La Biblia habla con detenimiento  sobre los vigilantes. Especificamente apocalipsis. Ellos estan todos encerrados en los abismos y que seran...